En el siglo XX, la necesidad de intensificar las acciones de tutela de los monumentos en la vía Appia Antica para preservar el excepcional paisaje se convirtió en uno de los objetivos de la administración. En 1926, el complejo masenciano fue incluido en los proyectos de intervención a cargo del Ayuntamiento de Roma y del Ministerio de Educación.
El príncipe Giovanni Torlonia, que ofreció su apoyo al plan de ordenación de la vía Appia Antica, inició a través del Nibby (1825), la campaña de excavación sistemática del área masenciana. Las numerosas obras de arte halladas en aquella época en su mayoría pasaron a engrosar la colección privada del Palacio Borgo. Los terrenos de la Appia se transformaron en una empresa agrícola, un uso que perduró hasta su expropiación en 1943.